
Hace un par de días que llevo meditando si escribir o no este post, es obvio que finalmente me decidí por la primera opción.
Dentro de 6 días está estipulado celebrarse las barbacoas del Trofeo Carranza en las playas de Cádiz coincidiendo, por supuesto, con la final del mismo. Mucho se ha debatido sobre los perjuicios de esta actividad sobre las playas de nuestra ciudad, de hecho aún no está confirmada su celebración (Costas debe decidir sobre ello). Los argumentos en contra de la popular celebración son claros: la arena se contamina en un alto grado debido a las botellas, carbón, restos de comida etc. Por otra parte los defensores de ésta práctica alegan que no se contamina tanto y que se ha convertido en una fiesta muy señalada que atrae a todo tipo de visitantes de fuera.
Las dos partes tienen su razón, eso está claro: nadie puede negar ni que la playa se queda hecha una mierda ni que vienen visitantes de fuera. El problema es sopesar ambas.
Por si fuera poco, se ha estado difundiendo estos días vía youtube un vídeo creado por algún gaditano que se autoproclama adorador de su “tacita de plata” invitando a invadir las playas el día 18 (Sábado) con el fin de que asista mucha más gente al evento. Por supuesto con la expresión “adorador” pretendo ser sarcástico. Pero vamos a ver, alma de cántaro: se supone que la gracia de la celebración es que coincida con la final del trofeo, si no es así la fiesta carece de sentido. Otra cosa es que lo que tú quieras es liarla y emborracharte sobremanera con tus coleguillas.
Está claro que la tradicional barbacoa ha evolucionado a algo potencialmente mucho más peligroso, a un macrobotellón. Todo este chiringuito (esta expresión viene como anillo al dedo a este post) no se habría montado si los gaditanos fuéramos más limpios (atención estoy generalizando). Si hay gente que no es capaz de tirar un papel o una lata vacía a la papelera, ¿cómo le vas a pedir a ese primate recoger cuando está borracho todo el tenderete y los desperdicios posteriores a la barbacoa? Está claro que todos los esfuerzos serán fútiles.
Está visto que por mucha campaña de concienciación y parafernalia que monten, si sólo recogen cuatro pringados, la playa quedará como el vertedero de Springfield. Claro, luego vendrán quejándose los “amantes de Cádiz”, los “pisha de cai”, los “illo que pasa cohone” porque les han quitado la fiestorra. A esos les digo: si amáis tanto a vuestra ciudad, ¡dejaros de pamplinas y cuidadla, coño!
Luego viene el típico que se te echa encima diciendo: ¿pero cómo que van a quitar la barbacoa? “Ji pisha, po si vamo tós y por musho polisía que haya no nos van a kitá denmedio”. En fin, hay gente para todo.
Dentro de 6 días está estipulado celebrarse las barbacoas del Trofeo Carranza en las playas de Cádiz coincidiendo, por supuesto, con la final del mismo. Mucho se ha debatido sobre los perjuicios de esta actividad sobre las playas de nuestra ciudad, de hecho aún no está confirmada su celebración (Costas debe decidir sobre ello). Los argumentos en contra de la popular celebración son claros: la arena se contamina en un alto grado debido a las botellas, carbón, restos de comida etc. Por otra parte los defensores de ésta práctica alegan que no se contamina tanto y que se ha convertido en una fiesta muy señalada que atrae a todo tipo de visitantes de fuera.
Las dos partes tienen su razón, eso está claro: nadie puede negar ni que la playa se queda hecha una mierda ni que vienen visitantes de fuera. El problema es sopesar ambas.
Por si fuera poco, se ha estado difundiendo estos días vía youtube un vídeo creado por algún gaditano que se autoproclama adorador de su “tacita de plata” invitando a invadir las playas el día 18 (Sábado) con el fin de que asista mucha más gente al evento. Por supuesto con la expresión “adorador” pretendo ser sarcástico. Pero vamos a ver, alma de cántaro: se supone que la gracia de la celebración es que coincida con la final del trofeo, si no es así la fiesta carece de sentido. Otra cosa es que lo que tú quieras es liarla y emborracharte sobremanera con tus coleguillas.
Está claro que la tradicional barbacoa ha evolucionado a algo potencialmente mucho más peligroso, a un macrobotellón. Todo este chiringuito (esta expresión viene como anillo al dedo a este post) no se habría montado si los gaditanos fuéramos más limpios (atención estoy generalizando). Si hay gente que no es capaz de tirar un papel o una lata vacía a la papelera, ¿cómo le vas a pedir a ese primate recoger cuando está borracho todo el tenderete y los desperdicios posteriores a la barbacoa? Está claro que todos los esfuerzos serán fútiles.
Está visto que por mucha campaña de concienciación y parafernalia que monten, si sólo recogen cuatro pringados, la playa quedará como el vertedero de Springfield. Claro, luego vendrán quejándose los “amantes de Cádiz”, los “pisha de cai”, los “illo que pasa cohone” porque les han quitado la fiestorra. A esos les digo: si amáis tanto a vuestra ciudad, ¡dejaros de pamplinas y cuidadla, coño!
Luego viene el típico que se te echa encima diciendo: ¿pero cómo que van a quitar la barbacoa? “Ji pisha, po si vamo tós y por musho polisía que haya no nos van a kitá denmedio”. En fin, hay gente para todo.
He aquí el susodicho vídeo:
He aquí la respuesta por parte del Ayuntamiento.
Saludos.
Escrito por David Saltares 
